En muchas viviendas hay rejillas de ventilación en la pared, el techo o cerca de las ventanas, por donde circula el aire constantemente. Precisamente por ese paso continuo de aire, el polvo tiende a quedarse pegado en la rejilla, de forma parecida a como lo haría en un filtro que recibe siempre la misma corriente.
Como estas rejillas suelen estar en zonas altas o poco visibles, se quedan fuera del recorrido habitual cuando se limpia el resto de la casa. Con el tiempo, la capa de polvo se vuelve más gruesa y puede llegar a afectar ligeramente a la calidad del aire que entra en la habitación.
Cómo dejar las rejillas limpias
Un paño seco o un cepillo suave suele ser suficiente para retirar el polvo superficial de la rejilla. Si la rejilla se puede desmontar con facilidad, conviene hacerlo de vez en cuando para limpiar también la parte interior, que normalmente queda completamente fuera de la vista.
Un aspirador con boquilla estrecha llega bien a las rendijas entre las láminas, donde suele acumularse la mayor cantidad de polvo. Esta limpieza no hace falta repetirla muy a menudo, pero unas pocas veces al año marcan una diferencia notable en el resultado.
Conviene aprovechar los momentos en los que se limpia a fondo la casa, por ejemplo antes del cambio de estación, para revisar también estas rejillas junto con otras zonas altas que suelen quedar olvidadas. Así el aire que circula por la habitación se mantiene más limpio durante más tiempo.
Además de las rejillas del interior, conviene fijarse en las que dan al exterior, si las hay, ya que también acumulan polvo y pequeñas partículas con el paso de las semanas. Mantener ambas limpias ayuda a que la ventilación funcione como debería durante todo el año.