Lo que se acumula detrás de cuadros y espejos

Ilustración de un paisaje

Los cuadros y espejos suelen colgarse una vez y quedarse en el mismo sitio durante años, sin que nadie vuelva a moverlos. Precisamente por esa quietud, el espacio entre el marco y la pared se convierte en un lugar donde el polvo se acumula sin ninguna interrupción, formando con el tiempo una capa más gruesa de lo que cabría esperar.

Este polvo suele pasar completamente desapercibido, ya que solo se hace visible cuando se descuelga el cuadro o el espejo para limpiarlo o cambiarlo de sitio. En ese momento suele sorprender la diferencia entre la pared cubierta y la zona que ha quedado expuesta al aire y a la limpieza habitual.

Una revisión ocasional detrás del marco

De vez en cuando conviene descolgar cuadros y espejos, especialmente los más grandes, para limpiar tanto la pared como la parte trasera del propio marco. Un paño seco suele bastar para retirar el polvo acumulado sin necesidad de productos adicionales.

También es buen momento para revisar el cordón o el sistema con el que está colgado el cuadro, ya que ahí también se acumula polvo mezclado con pequeñas fibras. Un repaso rápido evita que esta zona quede olvidada durante años seguidos.

Si el cuadro o espejo es pesado y resulta complicado descolgarlo con frecuencia, un plumero con mango largo puede pasar por detrás sin necesidad de moverlo, aunque no sustituye del todo a una limpieza completa de vez en cuando.

Hacer esta revisión una o dos veces al año, por ejemplo al limpiar a fondo el salón, evita que el polvo se acumule en cantidades sorprendentes. La pared queda más uniforme y el cuadro o espejo recupera su lugar con la zona de alrededor igual de limpia.